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27 de abril de 2011

Hipersensibilidad feminista

Un chico que mata a su novia en un arrebato, porque ésta le comunica que está embarazada de otro y que le abandona, no es un chico normal. Sin embargo, para Salvador Sostres, columnista de El Mundo (“Un chico normal”, 7-04-2011) sí lo es. Ese es el principal reproche que se le debe hacer a su censurado artículo. La premisa en la que éste se basa es que todo el mundo en un momento de arrebato, en unas circunstancias que lo propicien, puede convertirse en un criminal. Sobre eso escribe Sostres. “Es un chico normal que se rompió por donde todos podríamos rompernos”, “Quiero pensar que no tendría su reacción, como también lo quieres pensar tú. Pero, ¿podríamos realmente asegurarlo?”. Evidentemente, si ese chico fuese normal sería normal que hubiese miles de crímenes al año inscritos dentro del fenómeno de la violencia doméstica.


Cualquier pretexto es válido para la sobrerreacción feminista. Y El País no tardó en reaccionar al artículo de Sostres. Al día siguiente publicó “¿Violencia de qué?” de Charo Nogueira y María R. Sahuquillo (08-04-2011): “El machismo sigue ahí, en ocasiones revestido con argumentos más presentables, a veces con toda su crudeza. Salta con cierta frecuencia a los medios amparado por la libertad de expresión. Es el fruto de una paradoja: las medidas en pro de la igualdad real entre mujeres y hombres han generado un rearme del machismo. Este discurso, negacionista o que minimiza la violencia machista coloca a los hombres como discriminados por los avances de las medidas en pro de la igualdad real entre los dos sexos. Lo dicen los expertos”.

Dentro del artículo recojo varias citas de expertos:
De la fiscal de sala Soledad Cazorla que opina que “¡Anda que no nos queda camino en el terreno de la igualdad mientras haya opiniones como esa!”; de las asociaciones Fundación Mujeres, Juristas de Themis y Federación de Mujeres Progresistas, entre otras, para quienes el artículo hace “apología del delito de violencia sobre la mujer”. Para Pilar López Díaz, experta en comunicación y género, “el artículo de Sostres alimenta el mito de la supremacía masculina y de que lo ocurrido, que es un crimen, es algo normal”. Y Para José Ángel Lozoya, de Hombres por la Igualdad, “hay una corriente de hombres, no necesariamente asociados pero sí organizados, que se dedican a reaccionar virulentamente contra los avances en materia de igualdad” y añade que “no es casualidad que estos machistas tomen fuerza ahora, cuando la crisis aprieta y en el que se han producido importantes retrocesos en materia de Igualdad, como la desaparición del ministerio, algo que han tomado como una victoria”.

“Se rompió por donde todos podríamos rompernos”. Sostres habla en general, no habla de machismo o de supremacía masculina y no habla de diferencias entre géneros o de desigualdades. Da lo mismo que no vengan al caso, los expertos tiran de tópicos. Para José Ángel Lozoya, incluso, parece que hay una mano (negra y machista) contra la que luchar. Y ahora con la crisis, peor, porque ésta se ha aliado con el machismo. ¿Hay una corriente organizada de hombres machistas?, dice que la desaparición del ministerio de Igualdad es un retroceso pero ¿acaso no están todos los ministerios por la Igualdad?

Acabo con otra cita. «La socióloga Soledad Murillo, madre de la ley contra la Violencia de Género (2004) y de la de Igualdad (2007) cuando era secretaria general de Igualdad, describe así la situación: “La Ley contra la Violencia de Género es la que más se ha recurrido ante el Tribunal Constitucional en toda la democracia, sobre todo por parte de jueces contrarios a que se penalizara más la conducta de un hombre que la de una mujer ante una agresión de pareja”. Ese mensaje de ley discriminadora caló». Efectivamente, está más penado por la ley que un hombre lesione a una mujer en el ámbito de la pareja que viceversa. Y además, la ley está avalada por varias sentencias del Tribunal Constitucional en respuesta a varias cuestiones de constitucionalidad presentadas por varios jueces. Con todo esto, parece que el artículo 14 de la Constitución esté de adorno hasta para el Tribunal que vela por su cumplimiento.

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