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23 de septiembre de 2012

Aggiornamento siglo XXI

La Iglesia Católica tiene preceptos que resultarían sorprendentes dentro de una organización privada moderna. Ha llegado a decirse que debe evolucionar para adaptarse a las exigencias de la sociedad actual. ¿Qué pasaría si iniciasen un aggiornamento real?

Podrían aceptar mujeres sacerdotes con los mismos derechos que los hombres sacerdotes, o suprimir el celibato para la ordenación y durante todo su ejercicio, o aceptar el divorcio como una decisión libre que afecta a dos personas, o reconocer la homosexualidad como otra forma de sexualidad y, por tanto, también los derechos de las familias formadas por parejas homosexuales. Podría haber un reconocimiento de los descubrimientos de la Ciencia, como en su momento apuntó Miret Magdalena. Podrían admitir las diversas clases de anticoncepción como una forma de relacionarse del ser humano. Podrían corregir alguna de esas anomalías ¿o cabe decir que es lógico que las mantengan puesto que es una organización atípica que perdería su esencia si lo hicieran?

Lothar Wolleh

Entre tanto, la Iglesia Católica sigue teniendo un estado propio, manteniendo de esta manera otro de esos anacronismos medievales -medieval, puesto que los Acuerdos de Letrán son hijos de los medievales estados pontificios- que sobreviven en el siglo XXI. Es inaceptable es que el papa siga teniendo la condición de jefe de estado y que tengan que rendirle honores los presidentes de gobierno y jefes de estado democráticos de otros países.

Siguen manteniendo la propiedad de un patrimonio que pertenece a toda la sociedad. Las catedrales, por ejemplo, no son solo lugares de culto, son patrimonio cultural, histórico y artístico de todos los ciudadanos, construidas y mantenidas con el dinero de todos.

En España siguen financiándose a través de asignaciones tributarias de los presupuestos del estado cuando lo propio de una organización privada sería que se autofinanciase.

Han intentado mejorar las relaciones con otras iglesias sin embargo deben aprender a relacionarse con las personas que no tienen creencias. Es inaceptable que sigan postulándose como los abanderados de una supuesta superioridad moral que les faculta a decidir lo que está bien y lo que está mal.

Son una empresa (o bien holding financiero) con ínfulas moralistas. La Iglesia podría creer en lo que dice pero simplemente lo que está haciendo es lo que hacen todas las empresas: defender sus intereses. Siguen haciendo lo que es habitual en ellos: pedir dinero e invertir (o desinvertir) para lucrarse.

Una persona normal prefiere estar en una terraza bebiendo cervezas antes que hacerse preguntas. Puede que si se las hiciera se respondiera que sí, que el dios cristiano, que todos los dioses son una creación de nuestra mente perezosa, es aquella que si se le pregunta si cree en Dios responde que sí, aun teniendo dudas, porque -naturalmente- hay cosas más importantes en la vida que resolver esas dudas: beber cervezas en una terraza.

Mientras estamos con la cerveza en la mano la Iglesia sigue siendo una de las vacas sagradas de esta sociedad. La religión pertenece al ámbito de lo privado y España, pudiendo ser un estado laico ajeno a los pensamientos íntimos de las personas, sigue siendo un estado aconfesional que permite privilegios a la Iglesia Católica, refrendados en los concordatos de 1979. De esta manera, siguen teniendo una influencia injusta y fuera de toda lógica.

El aggiornamento interno de la Iglesia es secundario. Es la sociedad y son los estados (la Iglesia no lo va a hacer) los que deben dar pasos para ponerla en el sitio que le corresponde dentro de la sociedad: lejos del poder. De la mano de los ciudadanos está que cada vez tenga menos influencia. Cámbiese lo que haya que cambiarse.