Cuando me pregunto por qué hay directores que tienen buena fama entre crítica y público sin merecerlo me estoy preguntando, entre otros, por Woody Allen. Que se considere a Woody Allen un genio es una de esas convenciones que hacen fortuna en esta sociedad. Javier Cercas, en su artículo "La edad de oro", practica el entreguismo ante el genio. Y escribe cosas como "La mayoría de películas malas de Woody Allen -tipo Celebrity- solo son malas a primera vista". Entonces, Javier, ¿en qué quedamos, las películas malas son malas o son buenas? Sin embargo, Vicente Molina Foix se escora hacia el fetichismo y expone tres motivos que justifican el culto a Woody Allen y ninguno es que sea un buen director de cine. ¿Qué necesidad tiene una deidad de hacer buenas películas?
Escribe Javier Cercas que si él hubiese dirigido una tontería como Vicky Cristina Barcelona le habrían dado el Oscar de Hollywood (si la hubiera dirigido yo no me la habrían estrenado a pesar del elenco de actores, precisamente por eso, por ser una tontería). Es lo que tiene llamarse Woody Allen o Javier Cercas. Influye tener un nombre conocido. Por su parte, Vicente Molina Foix escribe cosas como "Hasta el punto de que una obra monótona, trivial y mal acabada como Scoop le parezca al espectador, no el veraneo lánguido y sudado que es, sino la eterna primavera del genio que nos ha visto crecer como un padre". ¿Tiene películas que parecen mejor de lo que son? Vaya, vaya, para salvarle la cara al genio torcemos la realidad... ¿Tan grande es su poder? Las películas son lo que son, por favor. Y Scoop es una bobada.
Hay buenos directores de cine que nadie conoce. Woody Allen es muy conocido. Tiene esa aureola que pocos tienen. Es de esas personas que llaman la atención por su singular personalidad, por su particular gracejo. De él se airean asuntos de su vida privada, se conoce su faceta de clarinetista, es mediático. Se dice "voy a ver la última de Woody Allen". Esto pasa con muy pocos directores de cine. Pero a mí no me interesa su vida, me interesa el cine y trato de acercarme a sus películas... y me dejan frío.
Recuerdo mi sensación cuando vi por primera vez la glorificada Annie Hall. ¿Y esto era Annie Hall? Recuerdo mi sensación cuando vi por primera vez Hannah y sus hermanas. ¿Y esto era Hannah y sus hermanas? Cuando vi por primera vez La rosa púrpura de El Cairo, lo mismo. Mismo tono, ni fu ni fa, indiferencia. Este tono de insustancialidad general convierte a Whatever works (simpática pieza) o Conocerás al hombre de tus sueños (nada del otro mundo pero bien llevado) en cosas aceptables.
Ver una película de Woody Allen es una sensación constante de "deja vu". Repite siempre los mismos acordes. Uno tiene la sensación de que Mia Farrow o Diane Keaton siempre le preguntan "Cariño, ¿me sigues encontrando atractiva?", que el protagonista siempre es escritor o guionista de cine o que en Nueva York viven millones de psicoanalistas.
Es muy evidente que para él hacer una película es una rutina, que no se emplea a fondo, ¿cómo se explica si no que los que le llaman genio reconozcan que ha hecho tantas mediocridades? Tengo que pensar que si la siguiente le sale bien es por casualidad. Dice Vicente Molina Foix que tiene una inspiración irregular y sometida a la presión de la cantidad. Y digo yo, si no está obligado a firmar una película por año ¿por qué lo hace? Es posible que para él sea más importante tocar bien el clarinete que hacer buenas películas.
Podría ser bueno como escritor pero no como guionista, no trabaja los guiones, de ahí que sus películas den ese aspecto de destartalamiento, como dice Javier Cercas. Dirige con desparpajo de monologuista y se queda ahí... Es incapaz de darle hondura a las historias, sus tramas no muestran solidez. Los guiones están supeditados a sus ingeniosas frases, muchas de ellas metidas con calzador. "Soy yo quien hace las bromas", le dice a Scarlett Johansson en Scoop. Siempre queda esa sensación de que sus películas están hechas a mayor gloria de su ego cuentachistes. Unas frases más inspiradas ("Es que yo, entre el Papa y el aire acondicionado, me quedo con el aire acondicionado") y otras más desafortunadas ("Oyendo a Wagner me entran ganas de invadir Polonia"), es él quien desvía la atención hacia ese envoltorio chistoso que recubre buena parte de su filmografía y es un envoltorio muy tupido. Un director de cine es un contador de historias, Woody Allen es un contador de chistes. Sí, también ha trabajado con otros formatos como Zelig, un falso documental, o Sweet and lowdown, también la biografía de un personaje ficticio, pero se estrella. Ambas aburren a las vacas.
Tiene más peso lo malo que lo bueno. Take the money and run es espantosa; Interiors y Another woman, soporíferas; Small time crooks, una inaguantable estupidez; Anything else, muy mediocre. La lista de desatinos es larga pero mi memoria ha hecho un buen trabajo. Sin embargo, en September consigue ser profundo y sensible, Melinda y Melinda deja un bonito poso en el recuerdo y Bullets over Broadway es una estupenda película con un argumento ingenioso. He rebuscado pero no he encontrado una mísera pepita de oro. No ha lugar esa otra convención del Allen mayor y el Allen menor.
Ah, una cosa más. Como actor es pésimo. ¿No es cierto que un mal actor estropea en cierta forma una película? ¿Se plantea alguien lo buen actor que era Groucho Marx? Claro, eso lo obviamos y nos centramos en lo que Groucho destaca. ¿Cuál va a ser el legado de Woody Allen? Groucho también era un genio...
Vicente Molina Foix, vaya apuntándome como hereje.
