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19 de enero de 2012

Asesinos y pícaros

Cuando en enero de 2009 desapareció Marta del Castillo en Sevilla parecía un caso más de criminalidad. Se encontraría a los asesinos y se encontraría su cuerpo. Aunque podía pasar que apareciese el cuerpo y no se capturase a los asesinos. Lo que no parecía lógico es que apareciesen los asesinos y no el cadáver. Pero ¿qué es es la lógica?

Fernando Ruso

En un país en el que abundan los políticos que se lucran indebidamente y que gastan el dinero de los demás en putas y coches, en el que son demasiados los jueces que se venden al poder político (difícil se lo ponen), en el que defraudar a hacienda es costumbre, en el que es habitual cobrar al mismo tiempo la prestación por desempleo y por el trabajo en un sobre con billetes puede ser normal que el asesino confeso de una chica y sus cómplices y encubridores engañen a la policía no revelando cómo se deshicieron del cadáver o dónde lo ocultaron. En España la normalidad escapa de la lógica.

¿Es tan insólito que aparezcan los culpables pero no el cuerpo? Esconden o volatilizan el cuerpo para evitar que les cojan, pero cuando les cogen no dicen dónde está el cuerpo. Se diría que, aun sabiendo que lo tienen todo perdido, solo les queda el placer de ser protagonistas engañando a la policía. El pícaro no puede escapar de su condición de pícaro. Además, como se lleva lo del famoseo, Carcaño, pícaro, delincuente, asesino y famoso recibe cartas de admiradoras. Es lógico. Esta sociedad enferma premia al antihéroe. Y Carcaño, el asesino, en su fuero interno, sabe que algo ha hecho bien. Quizá cargarse a una persona no estuvo tan bien, pero lo de engañar a la poli... eso fue la leche. Y lo de ser el prota de la peli, el no va más.