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2 de marzo de 2013

Caramelos y chorizos

“Cualquier volumen de corrupción es siempre demasiado” (Mariano Rajoy, 20 de febrero de 2013). De acuerdo. Pero lo que produce más indignación es que no se castigue. Y es en lo que incide Luis Garicano, profesor de la London School of Economics, en Onda Cero, para el que en España “hay los mismos sinvergüenzas que en cualquier parte, simplemente que no la pagan. [...] En España ahora mismo nadie tiene la impresión de que en esos casos que estamos viendo vaya a haber esas consecuencias [refiriéndose a dos exgobernadores del estado de Illinois encarcelados]”. Y si no pagan los sinvergüenzas, los que están pagando son los honrados.

La persona honesta pasa de largo
El corruptible piensa en el caramelo pero el castigo le disuade
Para el chorizo la atracción del caramelo es muy fuerte

España, país de la picaresca y el estraperlo. La picaresca era seguramente el producto de otro tiempo, aunque quedan trazas, pero el término estraperlo es menos conocido, y sin embargo hasta hace bien poco estaba al pie de la calle. Después de que, en 1935, el Escándalo del estraperlo ayudase a la caída del gobierno de turno, en la época de la escasez y penurias del régimen de Franco se generalizó la expresión de estraperlo como sinónimo de contrabando y mercado negro. Pero posteriormente cayó en desuso. Llámenme nostálgico pero yo preferiría que estuviesen en desuso el blanqueo, la evasión y los fraudes, porque ahora los chorizos no se conforman con poco. Cualquier asuntillo son unos cuantos millones de euros.

Una frase nos rodea, hasta ahora (seamos optimistas): “Si no te aprovechas eres tonto”. Porque eso es lo que son los honrados (“tontos por no trincar”). Esperemos que la indignación de ahora sea un punto de inflexión de cara al futuro y esta mentalidad cambie. Mientras tanto, los partidos políticos españoles estarán entretenidos tirándose los trastos a la cabeza antes que indagar sus tramas de corrupción. Estarán, por lo tanto, burlándose de los ciudadanos.

El gobierno anuncia medidas contra la corrupción. Pero como tantas cosas el fallo está en la base. La fiscalía anticorrupción debe estar en los colegios. Claro que hay que castigar a los corruptos, muy severamente. Aunque más que la eventual pena de privación de libertad me importa que devuelvan las cantidades sustraídas o desviadas, pero me interesa aún más que se tomen medidas para evitar la corrupción y, todavía más, para evitar que haya corruptos. Como dice Federico Pizzarotti, alcalde de Parma por el Movimento 5 Stelle, en una entrevista que recoge El Mundo: “La gente se queja de la degradación urbana. Limpiar las calles es importante, sí, pero aún más importante es no ensuciarlas. Ésa es la idea”.

¿Qué podemos hacer los ciudadanos, mientras tanto? Podemos limpiar las calles. Que PP y PSOE pasen una temporada en la oposición los dos al mismo tiempo. Me dirán que es imposible, pero no se pregunten si es imposible, pregúntense si es necesario.

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