Páginas

31 de mayo de 2012

Tribulaciones del Eurofestival

1974. Es el turno de Suecia. Abba va a interpretar Waterloo, la canción con la que ganará el festival de ese año. Sven-Olof Walldoff,


el director de la orquesta, comparece en la sala del Brighton Dome mano en el pecho, disfrazado de Napoleón. Sven-Olof se convirtió en icono eurovisivo instantáneo; Abba, en fenómeno global paradigmático. Después de aquello, ya han pasado unos años, el Eurofestival navega a la deriva. Y no es que entonces las cosas fueran perfectas, pero había una esencia que ahora se ha perdido.

Ha habido una tendencia, por decirlo de alguna manera, hacia la democratización del festival, pero se han producido rectificaciones. TVE se abrió a la posibilidad de que la audiencia eligiera al cantante. Tras la experiencia de Rodolfo Chikilicuatre, y con el fin de evitar las osadías del populacho, ahora preselecciona o elige a sus representantes. El sistema de votación del festival era mediante el televoto de la audiencia cuando tradicionalmente las puntuaciones las daba el jurado de cada país. Ahora han vuelto al jurado, aunque al 50 % con el televoto, para evitar los sesgos del voto emigrante.

Es incomprensible que no haya restricciones al idioma. Las hubo en el pasado, aunque no en el caso de 1974 en el que Abba ganó el festival con una canción en inglés. Si Europa es un continente con tantos países no se entiende que no se obligue a interpretar las canciones en el idioma propio de cada país. Se está falseando la realidad idiomática europea. Llegará un momento en que todos los países canten en inglés, y este es un festival europeo y no de la Commonwealth of Nations.

Antes la música era con orquesta en vivo, pero se suprimió alegándose como excusa que costaba dinero. Posteriormente, ya con las voces en vivo y las pistas musicales pregrabadas, se cometió la aberración de prohibir el sonido directo de los instrumentos musicales durante las actuaciones. Definitivamente, un festival de música en el que se prohibe el directo instrumental no puede ser tomado en serio. Solo las voces deben ser en vivo. ¿Y por qué no se prohiben también, para que el teatro sea completo? ¿Se imaginan una orquesta con los músicos haciendo que tocan los instrumentos? Podría ser, aunque ya saben que cuesta dinero, también como parte del atrezo.

El Festival de Eurovisión era antes, no hace tanto, un concurso con principios. Aunque siempre ha habido vaivenes. En los últimos años se ha producido una buena noticia. La RAI vuelve a concursar, después de muchos años sin participar. ¿No es una anomalía que participen en un concurso europeo países como Israel y Turquía e Italia no?

Europa debe ser un continente abierto pero debe tener unos principios y unos objetivos claros, una flecha que seguir, y que la flecha apunte a un solo sitio, que no la mueva el viento de los políticos veleta. Hay que establecer unas reglas, que no las hay. Europa está por encima de los intereses de los países que la integran. Falta un pensamiento común. Unión europea, pero no de pensamiento. Siguen teniendo mucho peso los nacionalismos y sigue habiendo un forcejeo entre la seriedad y el carnaval, algo que se puede ver más claramente en España, donde se interiorizó el lema “A vivir, que son dos días” y donde se está viendo que demasiadas personas se resisten a abandonarlo. Cambiar un esquema mental en una persona es difícil, para cambiarlo en una sociedad entera hace falta una catarsis colectiva, un verdadero exorcismo para que la transformación sea real y duradera. Europa debe tener una esencia, una identidad, debe ser un corral de un gallo.

No hay comentarios: