Durante el primer cuarto del siglo XX, Bronisław Malinowski realizó varios trabajos sobre sobre los habitantes de una parte de lo que hoy es Papúa Nueva Guinea. Con estos trabajos renovó el campo de la etnografía y la antropología social. Malinowski quería captar el punto de vista del indígena, comprender su visión del mundo. Lo hizo a través de un contacto estrecho con ellos. Vivió entre ellos siendo una parte su vida, conoció sus costumbres para tener un comportamiento adecuado dentro de la tribu y, a la vez, conocer su estructura social. Para detallar la anatomía de su cultura aplicó la minuciosidad del tratamiento científico con una exhaustiva recogida de datos. Capturó todos los aspectos de la vida indígena observando-participando en la vida diaria de los individuos.
Unos años antes de los viajes de Malinowski a las islas Trobriand se vivió en la región del Amazonas la “Fiebre del Caucho”. Al calor de la Segunda Revolución Industrial, los emprendedores y aventureros, muchos sin escrúpulos, fueron a la selva amazónica en busca de sus tesoros, fundamentalmente de uno en forma de jugo llamado caucho.
El empuje y la brutalidad de los conquistadores del caucho hizo que los indígenas, obligados a trabajar en sus explotaciones, malvivieran en condiciones de esclavitud, con torturas y matanzas que condujeron a lo que hoy se llama genocidio. Los mejor parados consiguieron sobrevivir desplazados a otras zonas de la selva.
Ha pasado un siglo desde entonces. Parte de los que hoy viven en la Amazonia son descendientes de aquellos que sobrevivieron a la “Fiebre del Caucho”. A diferencia de las tribus con las que contactó Malinowski éstas no quieren tener relaciones con la sociedad globalizada, prefieren vivir en aislamiento para poder preservar su modo de vida. Lo que viene de fuera es una amenaza. El genocidio que vivieron sus ascendientes debió marcar a fuego su actual carácter. Pero no solo es eso. Tienen una vulnerabilidad extrema ante enfermedades que para nosotros son banales, siguen siendo desplazados por explotaciones madereras o mineras. Y los de las explotaciones, en ocasiones, se abren paso a tiros...
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| Imagen captada desde una avioneta |
Es cierto que un mundo más comprensivo con lo extraño es posible, pero la centrifugadora de la globalización es muy potente y nos sacará a todos igual de arrugados. ¿O no?
Se habla de encontrar vida en otros planetas. Hay vida en este.

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